Acoso escolar

Por Sara Fernández Liaño

Se denomina bulling al maltrato entre escolares, físico o psicológico, que a veces encontramos en las aulas o en las redes sociales, que perdura durante un periodo prolongado de tiempo, y que genera un malestar significativo a la persona perjudicada.

Esta práctica cada vez preocupa más en las escuelas, y las reacciones contra ella se hacen cada vez más evidentes. Conocer datos, tanto de los agresores como de las víctimas, ayuda a poder afrontarlo de una manera más eficaz.

Las estadísticas muestran que, existe una ligera mayoría de niñas frente a niños que sufren bulling y que además, éste se produce en mayor medida entre los 11 y 13 años. Un 70 por ciento del acoso se produce a diario y en un 40 por ciento dura más de un año. En España sabemos que el número de alumnos por aula, o el tipo de institución, no son características significativas que hacen surgir el acoso escolar. También sabemos que la zona de recreo, el patio, es el lugar más expuesto al acoso; además, en él aparece el acoso social, donde se suele excluir al acosado de los juegos y se le rechaza en los grupos. Sin embargo, las redes sociales también comienzan a destacar por hacer más fáciles este tipo de prácticas. Según datos conseguidos por la ONG Save the Children, en el año 2015, uno de cada 10 niños reconoció haber sufrido acoso escolar.

Conociendo estos números, y centrándonos en los aspectos psicológicos de la situación, nos surge, sobre todo, una pregunta ¿Qué lleva a un niño a agredir a otro? Analizar los rasgos psicológicos de los pequeños nos ayuda a entender por qué unos niños agreden y otros son agredidos, comprender los motivos y buscar un remedio eficaz.

Características psicológicas del niño acosador:

Los chavales que llevan a cabo el acoso en las escuelas, suelen tener unos patrones de comportamiento relacionados con unos rasgos de personalidad característicos. Estos rasgos se van forjando desde que nacen. El ambiente familiar es el primer aprendizaje que recibimos en la vida, y marca nuestra manera de ser en el futuro.

La educación de los niños no solo se da en las escuelas. Son los padres, en los hogares, los que deben instruir al menor. Al nacer, nuestra mente está cargada de instintos que nos ayudan a conseguir lo que necesitamos para sobrevivir; si lloramos, mamá nos trae el biberón o nos cambia de pañal. Según vamos creciendo y adquiriendo habilidades, vamos aprendiendo más estrategias para lograr nuestros objetivos. El papel fundamental de los padres es ayudar al niño a entender que no todo vale para conseguir lo que se quiere, e incluso, que en muchas ocasiones, no se logrará alcanzar el deseo de ninguna manera. Además de eso, es importante conseguir una relación de afecto con ellos que les de confianza y seguridad a la hora de comenzar a entender y manejar sus propias emociones. Así los niños van alcanzando e interiorizando cualidades como la tolerancia a la frustración, el esfuerzo por conseguir las cosas, el trabajo duro, la autoestima, etc.

Cuando estas normas, reglas, límites, fallan en casa, el niño no asimila todos estos conceptos, ni tampoco interioriza esos valores, lo que hace que aparezcan emociones como la poca tolerancia a la frustración, la baja autoestima, el miedo al rechazo, la necesidad de superioridad, ansiedad, etc. Los hogares de estos niños no suelen destacar por sus relaciones de afecto seguras, ni por la existencia de límites. Los padres suelen ser muy permisivos con las acciones de sus hijos, sin dar pautas claras y dejando a la “psique” del pequeño sin un camino claro. Es entonces cuando los chavales, buscando una manera de sobrellevar todas estas emociones, pueden llegar a acosar a sus compañeros. Las causas del acoso son múltiples, muchas de ellas desconocidas aún, entre todas ellas se encuentra ésta. Ellos no tienen herramientas suficientes, solo se sienten perdidos y por eso no empatizan con el agredido, se enfadan, son crueles, agresivos y no consiguen controlar sus impulsos. A través del maltrato, consiguen satisfacer su necesidad de sentirse superiores a los demás estudiantes, porque realmente carecen de autocrítica y de alta autoestima. En la mayoría de los casos aprovechan su complexión física, por lo general más grande y fuerte que la del alumno acosado, para llevar a cabo la agresión.

Características psicológicas del niño acosado:

Los niños acosados, en la mayoría de los casos, poseen características psicológicas que no les permiten defenderse o pedir ayuda cuando son heridos. Su característica básica es la indefensión, la creencia o pensamiento de que hagan lo que hagan esa situación no va a cambiar. Por eso se sienten indefensos y vulnerables. Las características físicas de estos niños repercuten mucho en su forma de ser y de relacionarse, por eso, no es infrecuente encontrar niños acosados con complejos, que no les dejan reaccionar. Suelen ser niños torpes, débiles físicamente, inseguros, acomplejados, con un mal concepto de sí mismos y con poca capacidad para ser asertivos. Poco a poco van creando una personalidad tímida, retraída, temerosa y ansiosa. El problema fundamental de estos chavales es la aparición de depresión y ansiedad. Ambos generan un malestar significativo en el pequeño que no le deja concentrarse en sus estudios, relacionarse, aprender, jugar, ser feliz.

Características psicológicas del niño espectador:

Otro perfil de personalidad lo encontramos en la figura del “niño testigo”. Hay otros niños que son espectadores de los maltratos en la escuela aunque no participen en ellos. Hay algunos que simplemente vitorean y siguen al acosador, otros miran a otro lado por miedo, otros no quieren saber nada, etc. Hoy en día, estos chicos están tomando importancia a la hora de actuar frente al bulling, ya que pueden ser ojos y oídos de los adultos que pueden intervenir en estas prácticas. Por eso se procura quitar el miedo y la etiqueta de “chivatos” a la hora de comunicar un acto de agresión y premiar a estos niños con la propia satisfacción de no dejar que alguien sufra solo por el placer de otros. Sin embargo, en muchas ocasiones, no es fácil detectarlo.

Existen señales tanto en los colegios como en casa que pueden ayudar a descubrir si un niño padece bulling.

En el colegio, estos niños:

  • Sufren agresiones con collejas, puñetazos, capones, etc. Si se involucran en alguna pelea es evidente que es para defenderse y no para atacar.
  • Pierden o estropean a menudo los cuadernos, libros, mochilas, etc. Y buscan pretextos inverosímiles para explicarlo.
  • A veces son ridiculizados, se les hacen bromas pesadas o se les insultan con motes vergonzosos.
  • Suelen aislarse y estar solos. Nadie quiere jugar con ellos ni se les incluye en los grupos de clase o de amistad.
  • No hablan ni participan en clase, intentan pasar desapercibidos y no tienen interés por aprender.
  • Aparecen en ellos sentimientos de tristeza, inseguridad, llantos, anhedonia y abulia.
  • Los trastornos de ansiedad también suelen encontrarse en estos chavales. Todo les infunde miedo y están en una constante alerta.

En casa, los padres también pueden descubrir si su hijo está sufriendo acoso escolar fijándose en ciertas indicaciones.

  • Encontrar heridas en un niño es algo habitual en estos casos. A veces, además, los chicos llegan a casa con la ropa sucia, los libros perdidos o sus pertenencias estropeadas. Sin embargo, si esas señales comienzan a repetirse a menudo, el pequeño se pone nervioso al hablar de ellas o lo que cuenta es poco creíble.
  • No tienen amigos conocidos, no juegan ni quedan con niños del colegio, no son invitados a fiestas ni cumpleaños.
  • Las noches y las mañanas, antes de volver a la escuela, pueden ser momentos en los que los niños presenten problemas de ansiedad, concentración, dificultades para dormir, falta de apetito e incluso fobia escolar o somatizaciones, como por ejemplo, dolor de estómago.
  • A veces falta dinero o comida en casa, que los niños roban para poder pagar a sus agresores.
  • Lo más significativo es que no son niños que parezcan felices, sonrientes, alegres, con ganas de jugar, de aprender o de reír.

La psicología no ha mirado para otro lado a la hora de hablar sobre el acoso que se producen en los colegios. Ha estudiado sus formas de aparición, buscado explicaciones, generado perfiles, y lo más importante, expuesto soluciones y programas de intervención. La prevención es uno de los primeros pasos a seguir en este proceso. Esta prevención se organiza en tres niveles de actuación: En la prevención primaria (impedir que se dé la agresión) se actúa en los padres, la sociedad y en los medios de comunicación. En la prevención secundaria son los alumnos y profesores los que reciben una instrucción, enseñanza, preparación, cambio de mentalidad, etc. Y por último, la prevención terciaria se ocupa directamente del sujeto que acosa y del que sufre ya el acoso.

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