Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Por Sara Fernández Liaño

Últimamente en los colegios y hogares se habla mucho del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad  (TDAH) pero, ¿en qué consiste realmente este trastorno?

No existe ninguna prueba médica que lo diagnostique. No hay ningún parámetro que contenga la distinción exacta entre un niño sano y otro con un déficit de atención o hiperactividad. De entrada, lo único que sabemos es que hay ciertos niños a los que les cuesta mucho mantener un nivel de atención adecuado, y que además, ese déficit puede ir o no acompañado de una actividad motora excesiva.

Cada cerebro humano funciona de una manera particular, cada uno de nosotros procesamos, analizamos y recibimos la información de una manera distinta. El cerebro es entrenado a lo largo de nuestra infancia para conseguir una buena adaptación a nuestro entorno. En este sentido, sí que se puede comprobar que el cerebro de los niños diagnosticados de TDAH funciona de manera diferente.

A groso modo, podemos entender que hay una zona del cerebro, llamada Sistema Límbico, que procesa las emociones y los deseos. Por otro lado, toda la zona prefrontal del cerebro nos da poder sobre el Sistema Límbico para controlar esas emociones y deseos. Por ejemplo, si tienes ganas de tomarte un helado, pero estás en una reunión de trabajo, tu Lóbulo Prefrontal se encarga de decirle a tu Sistema Límbico que se espere hasta el final de esa reunión.

Lo que sucede en un cerebro de un niño con TDAH es que su Lóbulo Prefrontal está inhibido, funciona con poca fuerza, y no es capaz de controlar al Sistema Límbico. La mayoría de estos niños diagnosticados de TDAH toman un tipo de medicación, como el Rubifen® o el Concerta®, que contiene Metilfenidato. Esta sustancia es un estimulante, que actúa sobre la zona prefrontal para que esta se active y pueda hacer frente al Sistema Límbico.

Lo complejo de este trastorno es precisamente no conocer bien su origen médico. Además, la sintomatología descrita en él, y más en concreto cuando hablamos de niños, puede ser característica de otras muchas formas de interactuar con el medio, en muchos casos no es fácil saber si el niño padece el trastorno o simplemente tiene mucha energía que descargar.

Por eso, es fundamental conocer bien los rasgos que nos proporcionan el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V). Este manual define el TDAH como: “un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o desarrollo del sujeto”. Dentro de sus criterios, incluye las características de inatención e hiperactividad-impulsividad. Cada una de ellas puede ser considerada en el trastorno si se dan seis o más de los síntomas que les atribuyen, durante al menos seis meses y además, deben interferir en las actividades sociales, académicas y/o laborales.

Los criterios para la inatención son:

  • Con frecuencia falla en prestar la debida atención a los detalles, o por descuido, se cometen errores en las tareas escolares, en el trabajo o durante otras actividades.
  • Con frecuencia tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades recreativas.
  • Con frecuencia parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • Con frecuencia no sigue las instrucciones y no termina las tareas escolares, los quehaceres o los deberes laborales.
  • Con frecuencia tiene dificultad para organizar tareas y actividades.
  • Con frecuencia evita, le disgusta o se muestra poco entusiasta en iniciar tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.
  • Con frecuencia pierde cosas necesarias para tareas o actividades.
  • Con frecuencia se distrae con facilidad por estímulos externos.
  • Con frecuencia olvida las actividades cotidianas.

Los criterios para la hiperactividad incluyen:

  • Con frecuencia juguetea o golpea con las manos o los pies o se retuerce en el asiento.
  • Con frecuencia se levanta en situaciones en que se espera que permanezca sentado.
  • Con frecuencia corretea o trepa en situaciones en las que no resulta apropiado.
  • Con frecuencia es incapaz de jugar o de ocuparse tranquilamente en actividades recreativas.
  • Con frecuencia está ocupado, actuando como si lo impulsara un motor.
  • Con frecuencia habla excesivamente.

La impulsividad se define con:

  • Con frecuencia responde inesperadamente o antes de que se haya concluido una pregunta.
  • Con frecuencia le es difícil esperar su turno.
  • Con frecuencia interrumpe o se inmiscuye con otros.

Una vez conocidos los comportamientos que distinguen a los niños con TDAH debemos descubrir si realmente aparecen en el niño de una manera patológica.

En primer lugar, esta manera de actuar debe haberse presentado antes de los 12 años. Si aparecen más tarde sería conveniente descartar cualquier causa o suceso que pudiera provocar ese comportamiento.

Los síntomas deben aparecer en más de un contexto (colegio, casa, parque, etc.). Hay que entender que estamos hablando de una manera particular en la que los niños procesan y reaccionan ante su entorno, y que no son capaces de controlarlo. Por eso, si se comportan así, debe ser algo sistemático y no depender del lugar donde esté.

Es muy frecuente confundir este trastorno con una falta clara de límites que provoca poca tolerancia a la frustración. Aunque los comportamientos pueden ser similares, no tienen nada que ver un niño que no ha recibido unas pautas de comportamiento adecuadas y por eso se descontrola, a otro que es incapaz de concentrarse o estarse quieto simplemente porque su organismo no se lo permite.

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