PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD

Por Sara Fernández Liaño

“Si es que no tiene personalidad”, “tiene una personalidad tan alegre”, “es que es muy tímido”, etc. Estos son ejemplos de frases que todos usamos en nuestro día a día para referirnos, de alguna forma, a la manera de ser de las personas, y dar explicación a sus comportamientos. Pero, ¿Qué es en realidad la “personalidad”?, ¿existen rasgos característicos de cada uno?, ¿Cómo influye realmente en nuestra manera de ser y conducta? Todas estas son preguntas a las que La Psicología Social, Diferencial y de la Personalidad, intentan dar respuesta.

Se han descrito muchas definiciones sobre qué es la personalidad humana. Una de las primeras llega de la mano de Murray (1932) que afirma que “la personalidad es la suma de todos los rasgos de un individuo”. Unos años más tarde es Allport (1937) el que sostiene que “la personalidad es la organización dinámica dentro del individuo, de aquellos sistemas psicofísicos que determinan sus ajustes únicos al ambiente”. En 1996 Bermúdez considera la personalidad como “una organización relativamente estable de características estructurales y funcionales, innatas y adquiridas bajo las especiales condiciones de su desarrollo, que conforman el equipo peculiar y definitorio de conducta con que cada individuo afronta las distintas situaciones”. Podemos encontrar otras definiciones mucho más completas como la de Pervin (1998) que dice que “la personalidad es una organización compleja de cogniciones, emociones y conductas que da orientaciones y pautas a la vida de una persona. Está integrada tanto por estructuras como por procesos y refleja tanto la naturaleza como el aprendizaje. Además, la personalidad engloba los efectos del pasados, y las construcciones del presente y del futuro”.

Estas definiciones nos dan una idea de lo complicado que puede llegar a ser conseguir entender, y sobre todo expresar, qué es la personalidad y cómo nos influye. Hay varios conceptos que parecen tener consenso entre la mayoría de las definiciones. La personalidad es un rasgo estable a lo largo de la vida. Tiene un componente innato y otro adquirido. Y es un constructo básico que define a las personas en como son y manejan sus emociones, comportamientos y pensamientos.

Existen clasificaciones de la personalidad, que intentan agrupar las distintas características de las personas, para conseguir una organización y más fácil entendimiento de la misma. Las distintas teorías, abarcan modelos biológicos, psicodinámicos, fenomenológicos, de constructos, integradores, cognitivos, etc. Sin embargo, es la Teoría de la personalidad de los Tres Gigantes de Hans Eysenck la que consigue abarcar con más simpleza todas las ideas expuestas hasta el momento.

Hans Eysenck, habla de tres grandes dimensiones de personalidad, en las que se pueden englobar todos los distintos rasgos.

La primera dimensión que encontramos se llama Psicoticismo, y la define como una vulnerabilidad a conductas violentas, sin razonamiento, poco empáticas. Son personas indiferentes, egoístas e irresponsables. Por otro lado, tienen una percepción más realista del mundo, son más justas, objetivas, críticas y competitivas.

La segunda gran dimensión de esta teoría es la Extraversión. Existe un continuo en el que se encuentran las personas introvertidas y las extravertidas. Cada uno de estos extremos contiene sus propias características. Las personas extravertidas prefieren llevar a cabo actividades enérgicas, con algún tipo de riesgo, están abiertas a nuevas experiencias, son personas sociables, que les gusta hablar, despreocupados, son impulsivos, dominantes y arriesgados. Los introvertidos, por el contrario, son más tranquilos, reservados, les gusta hacer actividades en solitario, son retraídos, distantes, cautelosos, desconfiados, organizados, etc.

El Neuroticismo, es la tercera dimensión que propuso Eysenck en su modelo. Esta se refiere, sobre todo, a personas muy sensibles emocionalmente. Tanto para bien como para mal, las emociones les afectan de una manera más intensa que las personas que puntúan bajo en esta categoría. La timidez, es un rasgo que Eysenck incluye en esta categoría, y que a veces confundimos con la introversión. Ser tímido, supone sentir vergüenza o sonrojarse cuando alguien dice algo amable sobre ti, es un rasgo del neuroticismo. En cambio, la introversión, se refiere a las personas que buscan poca estimulación ambiental.

Cada dimensión de Eysenck tiene aspectos positivos y negativos. La mayoría de las personas nos encontramos en puntuaciones intermedias a estos rasgos. Las personas que se encuentran en cualquiera de los extremos, suelen encontrar más dificultades a la hora de adaptarse a nuevas situaciones o afrontar soluciones a los problemas.

El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V), clasifica los grupos de trastornos de personalidad en tres grandes categorías. Estas no se identifican con las de Eysenck, pero pueden observarse algunas relaciones.

El Grupo A, incluye todos los rasgos de personalidad que se relacionan con un comportamiento psicótico, como el paranoide, el esquizoide, etc. Son rasgos que afectan a la suspicacia, preocupación, sospecha, desapego y comportamientos extraños. El Grupo B, engloba las personalidades más “neuróticas” como los trastornos límite, histriónico, o narcisista. Y por último, el Grupo C, contiene todas esas personalidades que destacan por un patrón obsesivo, dependiente y huidizo.

Las personas, podemos incluirnos en algún grupo de los definidos anteriormente. Es probable que encontremos en nosotros mismos rasgos que se identifiquen en grupos distintos y no pertenezcamos puramente a uno de ellos. Sin embargo, lo más probable, es que consigamos identificar algunas características esenciales nuestras en uno de los grupos en concreto.

Todas las personas tienen rasgos de personalidad. Todos, sin excepción, tenemos una manera concreta de ver la vida y afrontarla. Saber qué tipo de personalidad posé cada uno puede ayudarnos a entender mejor el comportamientos de los demás, el nuestro propio, y por qué no, cuestionarnos en algunas situaciones si podemos comportarnos de otra manera más eficaz que de la que solemos hacerlo. No hay rasgos mejores ni peores, cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes para cada situación. Si tienes que hablar en público es fantástico que seas extravertido. Sin embargo, en momentos en los que tu trabajo te pida concentración y precisión, sería de gran valor un rasgo más introvertido. Lo que puede llegar a ser un problema es situarse demasiado en algún extremo de los continuos antes mencionados. Eso nos dificultaría conseguir flexibilidad a la hora de adaptarnos a diferentes situaciones.

Los rasgos patológicos de personalidad, están relacionados con esa falta de flexibilidad y de situarse en la franja más extrema del continuo. Son los criterios diagnósticos los que finamente deciden si un paciente sufre o no un trastorno de este tipo. Sin embargo, existe un criterio idéntico para todos ellos, este es el de generar malestar a la persona y sobre todo que sea una característica que perdure en el tiempo como “estado”. Es por eso, que la psicología analiza ese tipo de rasgos en las personas e intenta, si estos generan malestar significativo, conseguir moverlo al centro de la dispersión.

Los trastornos de personalidad, exigen un gran sacrificio de la persona para entender que no es saludable comportarse de esa manera. Su genética e historia ambiental hace que su comportamiento sea inadecuado en muchas ocasiones, eso no le permite avanzar, y además, le genera sufrimiento. Todas las terapias enfocadas a este tipo de psicopatologías pretenden conseguir una estructura temperamental más apropiada, moderada y adecuada para el bienestar de la persona. Sin embargo, no hace falta sufrir un trastorno para analizar y reflexionar sobre nuestra “forma de ser” y superarnos día a día. Un apoyo psicológico no es exclusivo para los trastornos mentales, un cambio en nuestras vidas, también puede ser susceptible de sustento psicológico.

 

ALLPORT, G.W. (1961). Pattern an Growth in personality. New York: Holt.
BERMÚDEZ, J. Concepto de Personalidad. En J. Bermúdez (Ed.): Psicología de la Personalidad. Madrid: UNED.
MURRAY, H.A. (1938). Explorations in personality: A clinical and experimental study of fifty men of college age. New York: Oxford University Press.
PERVIN, L. (1998). La ciencia de la Personalidad. Madrid. Mc Graw Hill.

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