La esquizofrenia y otros trastornos psicóticos

Por Sara Fernández Liaño

La esquizofrenia es un trastorno mental que recibe su nombre en 1911 de Eugen Bleuler, un psiquiatra suizo con grandes aportaciones a la medicina psiquiátrica. El significado de este término es “escisión de la mente”, una manera de expresar que el juicio del enfermo esquizofrénico está dividido, fragmentado, y de alguna manera quebrantado. Bleuler, defendió esta enfermedad como un grupo de trastornos y no como uno solo, como entendía anteriormente Emil Kraepelin, un prestigioso psiquiatra alemán, que lo denominaba “Demencia praecox”. Kraepelin llevo a cabo, entre muchas otras cosas, una clasificación de la enfermedad, que más adelante sería la base para la distribución de Bleurer.

La esquizofrenia, es el trastorno más representativo dentro de las alteraciones psicóticas pero no el único. Existen otros trastornos muy ligados a ella que también se clasifican como psicóticos. Por ejemplo, el Trastorno Esquizofreniforme, que posee las mismas manifestaciones que la esquizofrenia excepto dos; el periodo temporal que abarca de uno a seis meses (en la esquizofrenia son al menos seis meses) y la no exigencia de un deterioro en la actividad laboral o social de la persona. Otro trastorno que prácticamente se identifica con la esquizofrenia es el Psicótico Breve, las únicas diferencias que encontramos en él son, otra vez, la duración (entre un día y un mes) y que la recuperación del episodio es total sin producirse ningún tipo de deterioro. El Trastorno Esquizoafectivo engloba en su sintomatología, durante al menos un mes y de manera continua, sin interrupciones, alteraciones del estado de ánimo (ya sean de depresión, maníacas o mixtas) y síntomas positivos de la esquizofrenia. Este se incluye dentro de los trastornos psicóticos porque, existirán al menos dos semanas de síntomas psicóticos positivos sin las alteraciones del estado de ánimo, si no fuera así, se clasificaría como un trastorno de ánimo con síntomas psicóticos. Un Trastorno Delirante se caracteriza más por la presencia del delirio y, en la mayoría de los casos, no presentan alucinaciones, el lenguaje está conservado, y su vida laboral y social no está deteriorada.

Si nos centramos en la esquizofrenia como tal, podemos contar que sus criterios diagnósticos, incluidos en el diccionario de enfermedades mentales DSM-V, requieren al menos dos de los siguientes signos y síntomas: Alucinaciones, delirios, lenguaje desorganizado, comportamiento catatónico o gravemente desorganizado, o síntomas negativos. Estos deben aparecer de manera influyente al menos durante 1 mes y encontrar sus manifestaciones durante al menos otros 6 meses. Además, todo esto afectará en la vida laboral o social del paciente.

Al hablar de este trastorno, en muchas ocasiones nos referimos a síntomas positivos y negativos, algo que hay que explicar. El significado de positivo o negativo, no se refiere a que existan síntomas buenos y malos, todos son perjudiciales. Sin embargo, los positivos añaden “algo” a la enfermedad, y los negativos eliminan o no dejan que se produzca “algo” adecuado. Por ejemplo; el descarrilamiento de ideas, la presión del habla, o la esquizoafasia, son síntomas encuadrados en los llamados positivos, porque afectan al lenguaje de una manera adicional, hacen que el enfermo hable tan rápido que se atropellen las palabras, no dejan que la oración tenga sentido, aparecen palabras nuevas en el discurso, etc. Sin embargo, los síntomas negativos como la abulia, apatía, anhedonia, bloqueo, o aumento de latencia de respuesta, hacen que el enfermo lleve a cabo sus conductas de una manera lenta, con ritmo pausado, sin energía ni ganas, etc.

Existen algunas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de padecer esta enfermedad. Por ejemplo, los hombres suelen presentar un inicio más temprano (entre los 15 y 25 años) que las mujeres (entre los 25 y 34). Además, los hombres, manifiestan más síntomas negativos con un peor ajuste premórbido, y las mujeres sufren más de sintomatología positiva con mejor ajuste.

Dependiendo de qué síntomas estén presentes, podemos descubrir varios tipos de esquizofrenia. La siguiente clasificación es la más consensuada en la actualidad, habiéndose formado de otras más antiguas como la de Kraepelin, Bleuler, Schneider o Crow.

  • Esquizofrenia Paranoide: Presencia de ideas delirantes (contenido sobre todo persecutorio, de perjuicio, grandeza o referencial), y alucinaciones auditivas, estando menos afectados otros ámbitos como el lenguaje, la afectividad o el comportamiento. Inicio más tardío y mejor pronóstico.
  • Esquizofrenia Desorganizada o herbefrénica: Lenguaje y comportamiento desorganizado, además de presentar una afectividad aplanada o inapropiada (síntomas negativos). Gran deterioro en su vida laboral y social. Las ideas delirantes y alucinaciones suelen ser fragmentadas y desorganizadas. Importante afectación cognitiva o intelectual en ausencia de catatonia. Inicio más temprano con síntomas negativos e insidioso. Muy mal pronóstico.
  • Esquizofrenia Catatónica: Alteración de tipo motor que puede manifestarse a través de inmovilidad, con o sin catalepsia, flexibilidad cérea (puedes colocar al sujeto en la posición que quieras como si se tratara de una figura de cera), agitación motora (temblores, tics, convulsiones), negativismo u obediencia automática, ambivalencia, mutismo, ecolalia y ecopraxia (repetición de lo que oye o hacen otros), etc.
  • Esquizofrenia Residual: En esta esquizofrenia, después de un episodio psicótico, los síntomas positivos desaparecen, pero quedan manifestaciones continuas de alguna forma de sintomatología negativa.
  • Esquizofrenia Simple: Lleva consigo un comportamiento extravagante con inicio insidioso y progresivo. Aparece una disminución del rendimiento en general y una incapacidad para satisfacer las demandas sociales. No existen alucinaciones ni delirios, pero sí, síntomas negativos sin episodio psicótico. Su pronóstico es malo.

Después de conocer los tipos de esquizofrenia que se clasifican, seguro que algunos os estaréis preguntando ¿Por qué este tipo de síntomas se incluyen en la misma enfermedad cuando es evidente que muchos de ellos no tienen nada que ver? Podemos buscar explicaciones como las alteraciones neurales, anatómicas, e incluso a nivel de neuroreceptores, donde la Dopamina es la que juega un papel principal, sobre todo en la aparición de alucinaciones. Sin embargo, a veces, es más sencillo pensar en Bleuler y el significado de “escisión de la mente”. Un esquizofrénico, de una u otra manera, incluido en uno u otro tipo, mantiene una dificultad en distinguir la realidad de lo imaginario. Ellos no son capaces de reconocer qué experiencias, sensaciones o percepciones pertenecen a la realidad y cuales son creadas por su propia mente. No poseen “insight”. En la esquizofrenia paranoide, son las alucinaciones las que confunden al enfermo. En la desorganizada, no existe la capacidad de procesar la realidad. La esquizofrenia catatónica, hace que la persona se centre tanto en su realidad interior que no deja hueco a la realidad exterior, etc.

Sobre por qué algunas personas sufren de esquizofrenia y otras no, existen múltiples explicaciones. Se habla de alteraciones cerebrales, estructurales, funcionales, neuropsicológicas, etc. Existen diferentes hipótesis, como las del neurodesarrollo, dopaminérgicas, e incluso víricas. El modelo que más reconocimiento sostiene actualmente es el de vulnerabilidad-estrés de J. Zubin y B. Spring. Ellos aseguran que para que se dé la esquizofrenia, es necesaria una vulnerabilidad a la enfermedad (heredada genéticamente) activada por diversos estresores que precipitarán su aparición y desarrollo. Las personas más vulnerables sufrirán el trastorno con menos necesidad de estresores y viceversa. Sin embargo, los dos elementos son necesarios.

El comienzo de las terapias para este trastorno es siempre farmacológico. Son los antipsicóticos los encargados de eliminar esas alteraciones que aparecen en la esquizofrenia. Es cierto que el gran logro de estos está en los síntomas positivos, ya que los negativos suelen ser más resistentes a la medicación. La psicología, sobre todo, entra en acción una vez la medicación está funcionando. Hay terapias donde los pacientes consiguen de forma consciente distraerse de sus alteraciones perceptivas. En muchas otras ocasiones, son capaces de concentrarse en esas ilusiones y entender que no son reales, consiguiendo una menor implicación y menor perturbación. A veces, cuando el paciente se encuentra bien, deja de tomar sus pastillas y vuelven los síntomas. Somos nosotros los encargados de hacer entender al paciente que esas alteraciones persistirán si abandona el tratamiento. Conseguir un buen “insight” (reconocimiento de la enfermedad) también es algo que nosotros debemos trabajar. Los problemas de depresión y ansiedad están muy presentes en estos enfermos. También es necesaria la enseñanza y buen manejo de habilidades sociales y laborales para su día a día. Las familias son muy importantes en el tratamiento de estas personas, es imprescindible su colaboración, además, en muchas ocasiones, ellos también necesitan apoyo para superar la situación.

Dejando a un lado las palabras técnicas, especificaciones, neologismos y clasificaciones, podemos descubrir el otro lado de esta psicopatología. Es fácil imaginarnos a un esquizofrénico como alguien peligroso al que hay que evitar o al menos tratar con mucho cuidado. Ese es el perfil que encontramos en las películas, o libros de terror. Sin embargo, la realidad es muy diferente. Cuando nos encontramos a un enfermo de esquizofrenia podemos observar frustración, ansiedad, miedo, depresión, aislamiento, incomprensión, y un largo etcétera. En cualquier caso, emociones que a cualquiera de nosotros le haría llevar nuestro día a día con una tremenda dificultad. Es por eso que, debemos abandonar ese estereotipo y ofrecerle nuestra comprensión, respeto, apoyo y si nos lo pide también ayuda.

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