¿Qué hay detrás de la tristeza?

Por Sara Fernández Liaño

Todos somos susceptibles de sufrir una depresión. Este trastorno tiene ciertas características que la mayoría de las personas ya conocemos: tristeza, no tener ganas de hacer nada, ponerse de mal humor, etc. Son síntomas inequívocos de que algo no anda bien. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) permite el diagnóstico de un trastorno de depresión mayor solo si cumplen, al menos, cinco de una serie de criterios, en un mínimo de 2 semanas.

Reconocer estos criterios es crucial para poder identificar la enfermedad y comenzar con la ayuda.

  • Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, o irritable si se trata de un menor.
  • Disminución importante del interés o capacidad para encontrar placer en casi todas las actividades.
  • Pérdida o aumento importante de peso.
  • Dificultad para dormir o, aumento del sueño de manera significativa.
  • Agitación o enlentecimiento de los movimientos.
  • Fatiga o pérdida de energía casi cada día.
  • Sentimientos de inutilidad o culpa excesivos o inapropiados.
  • Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse.
  • Pensamientos recurrentes de muerte o ideación suicida.

Si pudiéramos encontrar cinco de estas características en una persona, podríamos sospechar que existe algún tipo de problema que está perjudicándola. ¿Qué hacemos entonces?

El primer paso es siempre pedir ayuda y consejo a un profesional. Si creemos que alguien está sufriendo algún tipo de trastorno del estado de ánimo debemos acudir a un especialista, médico, psiquiatra o psicólogo.

Lo mejor a la hora de abordar un trastorno como este, es el apoyo y la empatía con lo que le está pasando. Que esa persona se sienta comprendida hará que pueda expresar mejor sus sentimientos, dejará de sentirse sola con su tristeza y cambiará su forma de afrontar la situación.

Animar a la persona deprimida a hacer cosas siempre es una buena opción. Si alguien está muy triste no va a tener ganas de moverse ni de hacer nada. Debemos ser inteligentes y plantearle opciones que estén a su alcance. Por ejemplo, si la persona no quiere salir de casa, no debemos empeñarnos en que salga de fiesta, pero si podemos animarle a cocinar algo, participar en un juego de mesa o cambiar de aspecto los muebles de la casa.

Moverse es un ejercicio perfecto contra la depresión. Hacer deporte siempre es una manera sana de hacer que nuestro organismo reaccione y comience a funcionar. Si el deporte no pudiera ser una alternativa, cualquier acción que produzca bienestar al deprimido ayudará a su mejoría. Ir al cine, programar en el ordenador, viajar, pasear con su mascota, tocar algún instrumento musical, relajarse en un SPA, etc. Cualquier cosa que implique moverse y recibir un refuerzo siempre será bienvenido.

Nuestro organismo repone fuerzas cuando ingerimos alimento. En la depresión, la mayoría de las veces, el apetito se pierde y cuesta mucho comer. Hacer un esfuerzo en proporcionar comida cuando nos encontramos mal, ayuda a conseguir energías y fuerzas para recuperarse. Alimentarse de una manera adecuada es fundamental para lograr superar un estado de ánimo bajo.

La falta de sueño provoca un desequilibrio en las sustancias que conectan nuestras neuronas. Dormir bien es clave para sentirnos mejor y disminuir los síntomas de la depresión. Un mal descanso provoca un aumento del cansancio, las ganas de no hacer nada, la fatiga, el agotamiento, y eso no ayuda a nuestro estado de ánimo.

A veces, las personas deprimidas no buscan un apoyo que les de fuerzas para salir de su tristeza. Simplemente lo están y quieren seguir estándolo. Hay que entender que la tristeza es un sentimiento que forma parte de nuestras emociones y que tiene una función muy valiosa en la adaptación al entorno. No siempre hay que buscar una salida, ni agobiarse por estar bien, ni tener la necesidad de saber que decirle a otra persona en cada momento. A veces solo hay que dejar que esté triste y simplemente hacerle ver que tú estás ahí si te necesita. Escuchar es, en muchos casos, lo mejor que podemos hacer desde el otro lado.

Hay personas muy susceptibles y empáticas con las emociones de los demás. Debemos aprender a utilizar esta sensibilidad para ayudar al otro y no para dejar que nos invada a nosotros. Si una persona llora porque está triste, no es conveniente que nosotros nos pongamos a llorar con él. Lo mejor, por ejemplo, seria ofrecerle un pañuelo para que se desahogara mientras le consolamos y estamos a su lado.

Y por último, preguntar. Muchas veces nos volvemos locos pensando qué podemos hacer, y no se nos ocurre preguntarle a la persona deprimida ¿Qué te apetece hacer? ¿Qué quieres comer hoy? ¿Cómo te gustaría que fuera tu día? Podemos encontrarnos con respuestas negativas pero, siempre hay que intentarlo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s