¿Cuándo ir al psicólogo?

Por Sara Fernández Liaño

Es normal pensar, en muchos momentos de la vida, que puede ser difícil conseguir superar ciertas situaciones uno solo por sus propios medios. Existen profesiones, como la psiquiatría, trabajo social y psicología, que preparan a los profesionales para poder ofrecer esa ayuda que las personas pueden necesitar. Sin embargo, puede ser confuso saber en qué momentos se necesita ayuda y de quién. Dentro del ámbito de la salud mental existen muchas sensaciones que pueden hacernos sentir “mal” y preguntarnos si deberíamos acudir a un profesional y pedir ayuda.

Hay trastornos mentales que no le dan la posibilidad al propio enfermo de pensar sí puede necesitar ayuda o no. En el caso, por ejemplo, de la esquizofrenia, suelen ser los familiares o amigos cercanos los que detectan que algo no va bien y acuden a pedir ayuda. Un trastorno bipolar se compone, en parte, de situaciones donde la euforia y el sentirse enérgico son la clave, y es prácticamente imposible que el paciente pueda darse cuenta que se trata de una fase de un trastorno grave.

Otros casos, como los infantiles, también requieren de ayuda externa a la propia persona para acudir a un profesional. Suelen ser los padres o profesores los que detectan que algo no va bien y acudir a consulta. En el ámbito infantil, nos encontramos casos tan dispares como dificultades en los estudios, en las relaciones con otros niños, problemas con la comida, etc. y otros más graves como problemas disruptivos en su comportamiento, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), autismo, etc.

Los casos expuestos hasta ahora parecen tener una clara evidencia de necesitar ayuda y la duda de acudir o no a un profesional no suele suponer muchos problemas. Sin embargo, si existen otras muchas situaciones donde esa duda se hace mayor.

Dentro de los trastornos del estado de ánimo, por ejemplo, podemos encontrarnos una depresión muy leve que nos hace estar tristes y tener la capacidad de poder superarla sin problemas o, padecer una tan complicada que sin duda es necesaria la ayuda de un profesional.

Existe un trastorno llamado obsesivo compulsivo en el que encontramos un continuo donde la línea entre la necesidad de ayuda y la que no es muy difusa. Las personas, a veces, se quedan tan bloqueadas en sus obsesiones que no pueden llevar a cabo su vida con normalidad, y otras veces son pequeñas manías que no dificultan su funcionamiento diario. En cualquier caso, hay que tener precaución, ya que es muy fácil que unas pequeñas manías se conviertan en obsesiones complicadas de vencer.

Los problemas de ansiedad son unos de los más comunes en nuestra población. Estos vuelven a plantearnos donde nos encontramos en ese continuo para averiguar si necesitamos ayuda no. Hay casos donde la ansiedad no nos deja continuar con nuestra vida de una manera normal, como en los ataques de pánico, la ansiedad generalizada o algunas fobias, y en muchos otros son simplemente momentos puntuales fáciles de superar.

Existe, dentro del diccionario de patologías mentales de la OMS, un aspecto común que suele incluirse en todos los trastornos como criterio diagnóstico. Este se refiere a que esa situación esté provocando un malestar significativo al sujeto o deterioro en algún aspecto de su vida. Es por eso que, el malestar en situaciones concretas de la vida es un motivo suficiente para acudir y preguntar a un profesional si todo va bien. Consultar con un psicólogo no tiene porque significar adentrarse en un tratamiento de larga duración. Dependiendo del problema, este podría necesitar meses de tratamiento, o solucionarse con ciertas herramientas que nos faciliten superar esas dificultades puntuales en unas pocas sesiones.

Muchas otras patologías mentales pueden suscitar dudas a la hora de llamar a un profesional. Sin embargo, es necesario hablar de todas esas situaciones en las que no tiene por qué existir una patología clínica para acudir a un psicólogo a pedir ayuda. Por ejemplo, cuando nos encontramos con problemas en el en entorno laboral o con nuestras parejas y sentimos que no sabemos cómo actuar; a la hora de encontrar empleo o preparase para alguna situación complicada de la vida como pueden ser los duelos; en momentos de grandes cambios que nos descolocan y requieren un esfuerzo extra por nuestra parte y en los que requerimos de un empujón para superarlos; al enfrentarnos a retos relevantes para nuestro futuro, etc.

En cualquier caso, la realidad a la hora de decidir si es o no necesario recibir ayuda en situaciones complicadas de la vida, es que no hace falta esperar a notar un problema serio y grave para acudir a consulta. En muchas ocasiones, la necesidad de superarse también requiere apoyo y eso no significa que una persona sea más débil o tenga un problema. El estereotipo de ir al psicólogo por estar “loco” va perdiendo, por suerte, cada vez más peso dentro de la sociedad.

En el ámbito psicológico, y dando por hecho que todas las dificultades son importantes para cada persona, se recomienda que, siempre que alguien sienta la necesidad de un apoyo más capacitado en su vida, pida y acuda a un profesional. En ningún caso, hacerlo puede suponer consecuencias negativas y por el contrario el beneficio puede ser muy grande. El bienestar, en todos los aspectos y ámbitos, debería ser siempre nuestro primer objetivo.

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