Los celos en la relación de pareja

Por Sara Firgaira Fernández. 

¿Qué son los celos? ¿Por qué los sentimos?

Los celos son un entramado de emociones, motivaciones y estrategias que utilizamos para poder conservar la estabilidad de nuestras relaciones románticas. Desde una perspectiva evolutiva, los celos se consideran como una respuesta de alerta ante una amenaza. Al igual que ocurre con la ansiedad, los celos cumplen una función evolutiva para la supervivencia, en este caso, la supervivencia de la relación. Lo que permite la construcción de relaciones monogámicas y fieles. Funciona como mecanismo de defensa ante posibles intromisiones que pudieran poner en peligro la relación.

Para explicar cuál es el origen de los celos, deberíamos retroceder hasta la relación del bebé y su cuidador. Esta es la primera relación del bebé. Él se encuentra en una situación de gran vulnerabilidad e indefensión, por lo que depende totalmente de las atenciones y cuidados de su cuidador (la madre, en la gran mayoría de los casos). Esta persona es la figura central de la vida del bebé, pero la madre debe centrar su atención en otras personas o actividades, por lo que el bebé deja de ser, en ese momento, el centro de la vida de su madre. Según cómo el bebé viva esta situación y cómo la madre la resuelva podría predecir cómo se enfrentará el bebé en el futuro a situaciones similares. El nacimiento de un nuevo hermano o hermana suele conllevar situaciones de celos en el hermano o hermana mayor. Esta situación suele traer problemas como rabietas, orinarse de nuevo mientras duerme, según la edad que tenga el niño en ese momento. En este momento es cuando debe aprender que los padres le quieren y le cuidan aunque no sea siempre el centro de atención. En esta situación es conveniente explicar de manera muy clara el cariño que se siente por él/ella, explicando que también deben cuidar y querer a sus hermanos/as.

Cómo actúan los celos en una relación de pareja.

En un principio, los celos pueden actuar como una medida de prevención ante posibles problemas que pueden surgir en la relación. Y, por ello, pueden resultar útiles hasta cierto punto. En pequeñas dosis, estos celos pueden ser una reacción de alerta ante un ligero declive en la relación. En una relación duradera es prácticamente imposible estar al cien por cien entregados. El trabajo, los hijos, las rutinas nos hacen imposible centrar toda nuestra atención en la pareja, por lo que experimentar celos, siempre en pequeñas dosis, puede hacer que ambos miembros centren por un momento la atención en la relación para avivarla de nuevo.

Los problemas surgen cuando los celos que se experimentan son desmedidos en su intensidad o en su frecuencia y, por supuesto, cuando los celos surgen ante amenazas que no son reales. Cuando los celos adquieren tal intensidad que se llegan a convertir en obsesiones para la persona que los siente. El sufrimiento, la rabia adquieren tal intensidad que las discusiones son cada vez más intensas e incluso pueden llegar a ser violentas. Si, además, se experimentan con frecuencia, la relación comienza a deteriorarse gravemente puesto que cada vez más conductas resultan sospechosas para esta persona y centra todos sus pensamientos en estas sospechas y todas sus conductas en buscar pruebas que confirmen que dichas sospechas son correctas.

Los celos pueden llegar a ser muy peligrosos en una relación. La persona que siente celos no deja de sentirse amenazada, aunque la amenaza no sea real, siente un temor intenso y continuo. Esto lleva a desconfiar de todo y de todos. Esta persona está en un constante estado de temor y ansiedad, por el miedo a perder a la persona querida. A su vez, la pareja se encuentra en constante vigilancia. Se siente constantemente asfixiada, presionada y controlada por las muestras de desconfianza. Esta situación se vuelve rápidamente insostenible para ambos. Las estrategias que se suelen usar, en caso de experimentar celos, para tratar de controlar la situación, son precisamente las que facilitan que la relación se debilite y se desmorone aumentando las probabilidades de que se produzca el temido abandono.

¿Los hombres y las mujeres son celosos por igual?

La respuesta a esta pregunta sería un rotundo si. Hombres y mujeres pueden ser celosos en la misma medida. Las diferencias residen en cuestiones como el modo en que responden ante los celos o el tipo de situaciones que los producen.

Los hombres sienten más temor ante las infidelidades sexuales, por lo que reaccionaran ante situaciones relacionadas con esto, es decir, que se sentirán más celosos ante las relaciones de su pareja con hombres atractivos, dominantes, sexualmente agresivos, de estatus superior, etc. Desde un punto de vista evolutivo, esto podría venir de la necesidad de los hombres de asegurar su paternidad. Necesitan estar seguros de que sus parejas no han mantenido relaciones sexuales con otros hombres para convencerse de que sus hijos son biológicamente suyos.

Las mujeres sienten más temor ante las infidelidades emocionales, por lo que reaccionaran ante situaciones en las que su pareja dedica tiempo, atención y otros recursos a otra persona sin que necesariamente existan sospechas de una relación sexual entre ellos. Evolutivamente, estos temores vendrían de la necesidad de la mujer de garantizar el compromiso del hombre y de evitar el abandono del hogar por parte de este.

Las reacciones también difieren entre hombres y mujeres. Los hombres tienen tendencia a reaccionar de forma más violenta con la intención de dejar claros sus derechos y de imponer su voluntad. Por ello, son más habituales en los hombres las prohibiciones del tipo:“no quiero que quedes con tal” o “con esa falda no quiero que salgas”, etc. Las mujeres, sin embargo, buscan llamar la atención usando tácticas que las permitan verse y sentirse más atractivas. Por lo que, en las mujeres, es más habitual que transformen su atuendo, vistiéndose y arreglándose, y que cambien su conducta con el fin de “volver a seducir” al hombre que creen que están perdiendo. En ambos sexos son comunes las conductas de control como pueden ser las llamadas constantes, para tratar de saber dónde está el otro en todo momento, mirar su móvil, agenda, entre otras. En estas situaciones de inseguridad, las mujeres tienden a sentirse tristes y a sentir miedo y los hombres sienten más rabia y furia, pero en ambos sexos el sentimiento común es la humillación.

Qué se puede hacer para superar los celos.

Al contrario de lo que se pueda pensar, los celos no son problema de la persona que los siente, sino que es un problema para la pareja. Por este motivo, cuando los celos causan problemas en la relación, lo más conveniente es que el tratamiento se realice conjuntamente. Ambos miembros de la pareja son parte de la causa y parte de la solución del problema.

Si los celos están causando ligeras molestias en la relación, existen unas pautas que pueden servir de ayuda para solventar el problema e, incluso, para mejorar la comunicación y otros aspectos de la relación. A continuación expongo una serie de consejos con ejemplos explicativos que pueden llevarse a cabo fácilmente para mejorar la situación en la que se encuentra la relación. Pero cuando los celos comienzan a perjudicar de manera pronunciada la relación de pareja, lo más conveniente es acudir juntos a un especialista que pueda estudiar el caso concreto y que pueda dar una ayuda personalizada.

En primer lugar, si se tienen dudas y se comienza a sentir celos lo mejor es hablarlo directamente con la pareja. Tratar de ser lo mas claros posibles, sin acusar, simplemente explicar qué es lo que nos hace sentir mal y preguntar directamente para solventar las dudas que tengamos.

Antes de nada, siempre debemos tener en cuenta que dos no se pelean si uno no quiere. Todos somos responsables en parte del comportamiento de las personas que nos rodean y, de igual modo, podemos influir positivamente en el mismo. Si no queremos tener un conflicto, siempre podemos evitarlo mediante nuestro comportamiento. Tenemos que recordar que siempre estamos comunicando algo aunque no digamos nada. La comunicación no verbal como son los gestos, la actitud que se adopta, las cosas que hacemos, etc. aporta mucha información tanto positiva como negativa y debemos tenerlo en cuenta.

En una situación de desacuerdo o ante un comportamiento inadecuado del otro, deberíamos tomarnos unos segundos para relajarnos y pensar bien qué es lo que queremos comunicar y cómo hacerlo de la mejor manera y, de igual modo, escuchar atentamente cuando nos hablan y no interrumpirse el uno al otro. Para evitar discusiones y malos entendidos debemos:

  • Expresar nuestras emociones y sugerir comportamientos alternativos más adecuados.

Cuando llego a casa con ganas de verte y me haces tantas preguntas sobre dónde he estado y qué he hecho, me haces sentir incómoda, atacada y triste. Me gustaría que, cuando llegue a casa, me des un beso y me preguntes qué tal he pasado el día o qué tal me ha ido el trabajo.

En lugar de: ¿A qué viene el interrogatorio? ¿Ya estás desconfiando? ¿Qué crees que he estado haciendo? ¡Trabajar, eso he hecho!

  • Tratar de no hacer acusaciones. Hacer peticiones, no exigencias.

Cariño, ¿Buscabas algo en mi móvil? Me gustaría que me preguntaras si tienes alguna duda, antes de mirar entre mis cosas.

En lugar de: ¿Qué haces con mi móvil? ¡No se te ocurra mirar mis cosas! ¡Eso no te lo permito bajo ningún concepto! Seguro que has estado cotilleando mis cosas.

  • Dar ejemplos concretos de lo que tratamos de explicar para hacernos entender mejor.
  • Cuidar nuestra comunicación no verbal y el ambiente.

Procurar mirar a los ojos a nuestra pareja, tanto cuando está hablando como cuando lo hacemos nosotros, sonreír, tener contactos físicos (cogerle de la mano, algún roce o caricia cariñosa, etc.), y tratar de hablar sentados, en un ambiente íntimo y tranquilo dónde ambos se sientan cómodos.

  • Tratar de ser empáticos y ponernos en el lugar del otro y, a la vez, dar nuestra visión de la situación.

Entiendo que te molestes cuando llego tarde sin avisarte, pero me ha resultado imposible avisarte porque se me ha agotado la batería del móvil.

En lugar de: ¡Se me agotó la batería del móvil! No tienes derecho a enfadarte porque no ha sido a propósito.  

  • Nunca demos por hecho lo que creemos que piensa el otro, siempre es mejor preguntar.
  • Cuando queremos cuestionar algún comportamiento del otro, deberíamos tratar de definirlo como algo que ha hecho y no como algo que es.

Te estas comportando de manera exagerada y desconfiada.

En lugar de: Las cosas no son así, ¡Eres un paranoico!

  • No solo expresar nuestras quejas, sino aportar soluciones a los problemas. Una queja tras otra solo conseguirá que la otra persona se ponga a la defensiva.
  • Debemos aceptar nuestros propios fallos, sin contraatacar.
  • Aparte de expresar nuestras quejas, también deberíamos expresar las cosas que nos agradan de la otra persona. Deberíamos poner más énfasis en lo que nos agrada del otro que en lo que nos disgusta.

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